3 jun. 2014

En kombi hasta llegar a Alaska

Claudio Díaz partió siguiendo los designios del camino para hallar algo que según él ha perdido: su lugar en el mundo. Este camionero de 39 años salió de su José C. Paz originario, siguiendo la ruta 3 hasta Ushuaia. Desde allí rumbeó por la 40 hasta Mendoza. Luego fue a Tucumán, pasó por Salta y hace una semana se encuentra en Jujuy. Su breve estadía en nuestra ciudad quedó registrada con marcador negro sobre uno de los laterales de la Drona, su combi: “Buen viaje, amigo, el Señor y la Virgen del Milagro te cuiden”. Incluso aquí trabó amistad con siete “combinautas”, con quienes se reunió el domingo 18 de mayo en el monumento a Gemes.

“El dueño de una combi está predispuesto a charlar y hay que cuidar a la comunidad combinauta, por eso siempre nos juntamos”, define. También aquí extravió una taza redonda y cromada de la Drona, con un símbolo de Wolkswagen.

Claudio estuvo ahorrando dos años para costearse su viaje por América. Para incrementar su presupuesto trabaja como mozo, mecánico, y vende postales de fotos que toma por los caminos, pulseras artesanales que elabora o revende cosas, como unos vinos que adquirió en Mendoza o unos mates que le regaló un amigo. “Con tener para comer y donde dormir soy feliz”, define, y un letrero destacado en su vehículo invita a que lo ayuden a “cumplir el sueño de recorrer América con unos litros de nafta o un plato de comida”.

El “combinauta”

La inquietud expedicionaria de Claudio es propia de su linaje. Su abuelo materno vino a Argentina desde Yugoslavia en barco y como polizonte. Su papá, uno de sus hermanos y él mismo trabajan de camioneros. El mundo de la soledad imperecedera, la ruta como horizonte y el amparo de una estación de servicio lo prepararon para el lado poco amable de esta aventura. Tiene a sus padres, un hermano, dos hermanas y seis sobrinos en Buenos Aires, a los que hace más de un año que no ve. “Viajando pierdo estar con mi familia y amigos, y gano conocer un montón de lugares y hacer amigos nuevos”, sintetiza. “Ya viví el lujo de dormir en un parque nacional, mirando las estrellas; de despertarme con una laguna en frente y montañas nevadas, que por ahí ni el mejor hotel te lo da; aunque también he pasado hambre, frío, calor y se me ha roto la camioneta”, relata. Curiosamente cuando las carencias pesan, le salen al camino esas “citas” que le asignó el destino y que le insuflan energía para continuar, como un personaje anónimo que se cruzó en Puerto Madryn y le contó que en 1974 y en bicicleta llevó a cabo un viaje por América. “Cuando estés cansado y sientas que tenés que dejar, seguí”, le recomendó. También Bruno, de Bahía Blanca, quien le escribió a través de Facebook: “Sos mis ojos en el mundo”. Por ellos y sus propias voces internas anhela recorrer Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia... e invita a contactarse con él a través de Facebook: “Por ahí en el mundo”.

Fuente:  eltribuno.info

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