28 may. 2013

El largo viaje de un clásico

Compañeras de aventuras y hasta símbolos de fenómenos culturales como el hippismo, el modelo de Volkswagen no detiene su marcha. Foto: Martín Mondini

El vehículo utilitario de VW, nacido en 1950, deja de fabricarse, pero se mantiene vigente como ícono de las rutas y objeto de culto para nómadas de todo el mundo.

El 9 de mayo de 1982, Julio Cortázar le envió una carta al director de la Sociedad de las Autopistas, en París, con el fin de obtener una autorización.
Junto con mi esposa Carol Dunlop, igualmente escritora, estudiamos la posibilidad de una «expedición» un tanto alocada y bastante surrealista, que consistiría en recorrer la autopista entre París y Marsella a bordo de nuestro Volkswagen Combi, equipado con todo lo necesario, deteniéndonos en los 65 paraderos de la autopista a razón de dos por día, es decir empleando algo más de un mes para cumplir el trayecto París-Marsella sin salir jamás de la autopista.

El viaje se llevaría a cabo con el apoyo logístico de amigos, encargados de reabastecerlos con alimentos en dos fechas preestablecidas, y el pedido de permiso al funcionario era para permanecer en la autopista más tiempo del máximo permitido (dos días).
Si piensa usted que nuestra idea de escribir un libro sobre el tema no resulta desagradable para su sociedad, y que no hay inconveniente en autorizarnos a «vivir» un mes desplazándonos a razón de dos paraderos por día, me agradaría recibir su respuesta lo antes posible, puesto que quisiéramos partir hacia el 23 de este mes (...). 


La respuesta nunca llegó, pero el matrimonio decidió igual emprender, el 24 de mayo, la pequeña gran aventura que quedaría plasmada en Los autonautas de la cosmopista o Un viaje atemporal París-Marsella , libro que cumplirá treinta años en octubre próximo. Los protagonistas fueron tres: Dunlop, Cortázar y Fafner, la combi colorada cuyo nombre inspirado en Wagner (es un personaje de El anillo del nibelungo) quedó simplificado en Dragón cuando, rápidamente, entraron en confianza.

 No fue una expedición más en la historia de las combis (los lectores, por siempre agradecidos), como tampoco lo han sido para millones de viajeros sus propias experiencias a bordo -o en compañía- de este vehículo que, a fines de este año, dejará de fabricarse. La planta de Volkswagen en las afueras de San Pablo, Brasil, única en el mundo que aún la produce, cerrará un ciclo de 63 años por no poder adaptarla a las exigencias actuales de ABS y airbags ni aprobar los actuales crash-tests.

Nace una estrella

Lanzada al mercado en 1950, la Transporter (o Type 2) devino rápidamente ícono rutero, hippie y surfista por su capacidad para cargar equipos de música, su extensión casi a medida de las tablas de surf y una buena combinación de espacio interior y simplicidad para manejarla.

Cuando se presentó una versión con asientos desmontables y tres ventanas de cada lado, con múltiples opciones de configuración de butacas, comenzó la denominación Kombi, abreviatura de Kombinationsfahrzeug: vehículo de uso combinado, en alemán. En algunos países se la castellanizó como combi. En la Argentina fue producida entre 1981 y 1990.

De ambulancia y pequeño camión de bomberos a transporte escolar o puesto de ventas callejero, su funcionalidad fue clave para el turismo. En especial, a partir del modelo Camping Box, desarrollado por la fábrica de Westfalia-Werke (equipaba las campers de Volkswagen), que fue el primero en incluir cama desplegable; otros, como los modelos SO, sumaron sofá-cama, heladora y minibar, techo desmontable, horno de gas, baños móviles y una carpa, entre otras opciones.

En diferentes versiones se ha fabricado hasta el modelo T5, pero el clásico es el T2. En los 90, la combi atravesó tiempos difíciles y quedó relegada ante vehículos más confortables. Pero sus seguidores las mantienen con sus cuatro patas gomosas, tal escribió Cortázar, sobre pistas de todo el mundo.

Continuará....

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