14 ene. 2013

Los senadores quieren evitar los 'caracoles' en las carreteras


Llevarse la cama allí donde vayas. Ese era el lema de los grandes conquistadores que, para descansar después de la batalla, hacían que llevasen su catre de lujo para montarlo en sus tendejones de campaña. Hoy muchas personas amantes del camping y la naturaleza optan por comprarse una autocaravana, una caravana o roulotte. Con las mismas comodidades que en casa, televisión y microondas incluidos. Esos si algo más estrechas. Estas viviendas con ruedas se hacen a las carreteras en vacaciones y puentes, pero no corren tanto como el resto de los coches. No corren, aunque podrían.

Las interminables colas para adelantar a las caravanas todavía son la tónica de las operaciones salida. Estos vehículos tienen limitada la velocidad a 80 kilómetros por hora cuando son remolques de más de 750 kilogramos de masa mínima autorizada. Son famosas hasta en televisión. Los presentadores de 'Top Gear', el popular programa británico del mundo del motor y los amantes de la velocidad, aprovechan cualquier ocasión para reventar, lanzar por los aires o quemar una roulotte.


Para evitar estos problemas de embotellamiento, el pasado mes de diciembre el pleno del Senado aprobó una moción por la que pide al Gobierno que estudie la posibilidad de aumentar a 90 kilómetros por hora la velocidad de estos vehículos. Y fue el PNV el partido que tuvo la iniciativa, que reclamaba que el incremento fuera hasta los 100 kilómetros por hora, siempre que los vehículos tuvieran determinados aditamentos de seguridad -frenos, ruedas, amortiguadores-.

Los senadores quieren que ese haga cuanto antes y es que la Semana Santa está a la vuelta de la esquina. Y en lugar de debatir y debatir optaron por los 90, pero piden también que el Gobierno equipare la normativa española a las "vigentes en los otros países de la Unión Europea, especialmente en lo referente a las condiciones de circulación o lo permisos necesarios para su conducción».

En Europa, donde en esto del 'autocaravaning' nos llevan ventaja, se puede correr más con la casa acuestas y es que cuando un camión adelanta a una roulotte, es más el peligro el bandazo del aire del vehículo pesado sobre el remolque, que el hecho que la caravana vaya más rápida, lo que teóricamente impediría ser rebasada por el vehículo de transporte.

Hay una tercera opción. Comprarse una furgoneta -comercial o de pasajeros- y habilitarla como dormitorio-cocina, incluso con toldo para tomarse una copa, con un libro en la mano y el mar en frente. Con ella si se corre.

En todo caso, viajar con la cama detrás es todo un lujo para disfrutar en directo de la naturaleza, algo que el turismo europeo nos ha enseñado a los vecinos de la Península Ibérica. Quedan atrás los años 60, cuando se podían ver en la Costa Brava, la Costa Blanca, en el litoral vasco o en plenos Picos de Europa leoneses una roulotte, con matrícula amarilla (francesa) o con números rojos (belga), aparcada en medio de un prado y sus inquilinos disfrutando del sol.

Fuente: Diario de Navarra

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